Como el tango, melancólico, sobrio y un poco insatisfecho de su decisión, se alejo de la "muñeca" como a él le gustaba llamarla.
Luego de tanto tiempo juntos, tantas experiencias, tantas carcajadas, él debía dejarla ir.
Lamentaba, lamentaba muchísimo, si ella no estaba dispuesta a hacerlo, pero él, ya había tomado una decisión.
A pocos metros recorridos, dió vuelta su rostro y le dijo: "adiós mi amor". Y soltó una rosa, alejándose del horroroso cementerio, donde ella descansaría.
Él tenía apenas 14 años.
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